Su última oración

  • Niña
  • De 16 o 17 años de edad
  • Asia
  • 1970

Los soldados comunistas descubrieron el estudio bíblico ilegal.

Mientras el pastor leía de la Biblia, hombres con armas automáticas entraron de pronto en el hogar, aterrorizando a los creyentes que allí se habían congregado para adorar. Los comunistas les gritaban insulto y amenazaban con matar a todos los cristianos. El oficial jefe apuntó su arma a la cabeza del pastor y le exigió: “Entrégame tu Biblia”.

El pastor le entregó la Biblia, su preciada posesión, con renuncia. Con desprecio en su rostro, el oficial tiró la Palabra de Dios al piso, a sus pies.

Le echó una feroz mirada a la pequeña congregación. “Los dejaremos ir”, digo gruñendo, “pero antes deben escupir sobre este libro de mentiras. Los que rehúsen hacerlo serán ejecutados”. Los creyentes no tenían otra opción que obedecer la orden del oficial.

Uno de los soldados apuntó su arma hacia uno de los hombres. “Tú serás el primero”.

El hombre se puso en pie lentamente y se arrodilló frente a la Biblia. A regañadientes escupió sobre ella mientras oraba: “Padre, por favor, perdóname”. Se puso en pie y se dirigió hacia la puerta. Los soldados le abrieron paso y le permitieron salir.

¡Ahora tú!”, dijo el soldado, señalando a una mujer para que diera un paso hacia adelante. Con lágrimas en los ojos, ella casi no podía hacer lo que el soldado le demandaba. Escupió sólo un poquito, pero fue suficiente. A ella también le permitieron salir.

Entonces, se acercó una jovencita calladamente. Henchida de amor por su Señor, se arrodilló y levantó la Biblia. Limpió la saliva con su vestido y dijo: “¿Qué te han hecho, Palabra?” Y oró diciendo: “Señor, por favor, perdónalos”.

El soldado comunista colocó su arma sobre la cabeza de la niña, y apretó el gatillo.

La mayoría de los que hoy día enfrentan persecución pudieron haber escapado, con tan solo negar su fe. La pregunta no es si estamos siendo perseguidos, la pregunta es si estamos dispuestos a morir por causa de nuestra fe en Jesucristo.

Fuente: Libro “Locos por Jesús” de DC Talk.

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