La pregunta que tardó como mil años en contestarse

“¿Quién subió al cielo y descendió?” Proverbios 30:4

Del que hizo tal pregunta sólo se sabe que se llamaba Agur, y que era hijo de Jaqué, y que era sumamente modesto, lo cual se percibe cuando dice: “Ciertamente más rudo soy yo que ninguno, Ni tengo entendimiento de hombre. Yo ni aprendí sabiduría, Ni conozco la ciencia del Santo.  ¿Quién subió al cielo, y descendió? ¿Quién encerró los vientos en sus puños? ¿Quién ató las aguas en un paño? ¿Quién afirmó todos los términos de la tierra? ¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?” (Prov. 30:2-4).

Todo el capítulo 30 de proverbios es un tesoro de sabiduría muy profunda, pero expresada en palabras muy sencillas, entre las cuales se encuentran algunas preguntas como la que sirve de base a esta meditación, y que fue contestada por Cristo aproximadamente mil años después de haber sido formulada.

En efecto, aquella noche memorable cuando Nicodemo fue a buscar al Señor Jesús, de lo cual tenemos noticia por medio del Evangelio según San Juan, el mensaje que recibió Nicodemo, quien por cierto era por excelencia “… el maestro de Israel …”, fue de trascendental importancia, y debió haber quedado estupefacto al saber que aquel que se llamaba a si mismo “Hijo del Hombre”, y que estaba frente a él, se encontraba a la vez en el cielo, pues era nada menos que aquel de quién Agur había preguntado: “¿Quién subió al cielo y descendió?”. Esto lo sabemos ahora precisamente por las palabras del Señor Jesús dirigidas a Nicodemo y que fueron registradas por el apóstol Juan: “Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo.” (Juan 3:13).

El Señor Jesús bajó a este mundo, y “… Se humilló a si mismo […] Por lo cual Dios le ensalzó a lo sumo y diole un nombre que es sobre todo nombre.” (Filipenses 9:8 y 9).

Aquel, pues al que aludió Agur, cuyo nombre es sin igual, “… Es el Salvador del mundo…” (Juan 4:42), el que “…Vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10), y de quien también dice la Escritura: “A éste dan testimonio todos los profetas, de que todos los que en Él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.” (Hechos 10:43). Así que el mensaje para ti es este: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú, y tu casa.” Hechos 16:31.

Joel Sotomayor

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