CONSTITUCIÓN DE LA IGLESIA DENOMINADA CONGREGACIÓN BAUTISTA JESÚS NAZARENO

P r e f a c i o

Nosotros, los miembros de la iglesia que se denomina Congregación Bautista Jesús Nazareno, hemos decidido ordenar y precisar los estatutos que regirán la vida y actuación de esta misma, aclarando primeramente el porqué de nuestro nombre.

El que nuestra iglesia se llame Congregación Bautista Jesús Nazareno obedece preponderantemente a la intención de identificarnos y fijar nuestra posición, primero dentro de la cristiandad universal, en medio de la cual está la Iglesia, cuya cabeza, que es precisamente el Señor Jesús de Nazaret, ha prometido estar donde estén dos o tres congregados en su nombre (Mateo 18:20) y, segundo, dentro de los lineamientos que el mismo Señor dejó por sí, y a través de sus apóstoles, para toda congregación cristiana.

En el mismo nombre que lleva nuestra Congregación, es ostensible la rama del cristianismo a la que pertenecemos, y es nuestra pretensión destacar la preeminencia de Cristo y su doctrina en nuestro actuar como iglesia, por lo que consideramos necesario especificar cuál es precisamente nuestra posición entre la familia cristiana, y para ello citamos aquí la parte relativa del folleto de Donald Kammerdiener, titulado Los Bautistas y su Fe, que dice:

“Los Bautistas son Cristianos. Cristiano es nuestro primer y único apellido espiritual. Nos identificamos gozosamente con toda la gran familia que afirma su fe en el hecho de que Jesucristo es el Señor. Con el apóstol Pedro reconocemos y confesamos que Jesús de Nazaret es “el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16). Como Señor, él merece nuestra fe y nuestra obediencia, y con todo cristiano nos comprometemos en nuestra fidelidad a él.

“Los Bautistas y los Protestantes. El pueblo bautista no se originó en la reforma del siglo XVI, y no tiene ningún prócer considerando como su fundador fuera del mismo Jesucristo, Señor de la iglesia. No obstante, los bautistas comparten algunas doctrinas importantes de la reforma y reconocen el gran valor que ese movimiento tiene para la humanidad. Con Martín Lutero afirmamos nuestra convicción de que la forma de entrar en comunión con Dios y su hijo Jesucristo es a través de la fe en Jesucristo y no por medio de buenas obras. El hombre ni merece, ni gana la salvación. Esta es un regalo de la gracia de Dios. Además, señalamos con insistencia la autoridad final de la Biblia en todas las cuestiones de fe y doctrina. En contraste con otros grupos que asignan una autoridad igual o similar a la tradición o a la iglesia institucional, recalcamos nuestro acuerdo con el apóstol Pablo, que toda la Escritura es inspirada por Dios, y que es además suficiente para que “el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16 y 17). Esta convicción hace que eliminemos automáticamente la posibilidad de aceptar El Libro de Mormón o cualquier otro libro moderno que se nos ofrece con pretensiones de ocupar un lugar de autoridad en competencia con la Biblia.

“Los Bautistas y los Pentescostales. Entre las ramas del cristianismo moderno hay un gran número de denominaciones que se clasifican como pentecostales. Estas iglesias se destacan por su énfasis en el Espíritu Santo y las manifestaciones carismáticas que los fieles ostentan, tales como el hablar en lenguas, milagros de sanidad, visiones, profecías y otras. Esencialmente, el pentecostalismo pertecene a aquella rama del cristianismo que se preocupa más por la experiencia personal y menos por la doctrina y la sistematización intelectual de la fe. Los bautistas compartimos la preocupación en cuanto a la necesidad de experimentar la presencia del Espíritu Santo. Afirmamos con el apóstol Pablo que “si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él (Romanos 8:9). Todo cristiano tiene la presencia del Espíritu Santo en su vida y recibe los dones y talentos necesarios para cumplir con su función en la iglesia. A diferencia de los pentescostales, los bautistas creemos lo siguiente en cuánto al Espíritu Santo: la función del Espíritu (y del creyente) es glorificar a Cristo (Juan 16:14). Resistimos la tentación de glorificar la experiencia o el don o aún al mismo Espíritu. Glorificamos a Cristo, el Cordero de Dios. Además creemos que nuestra experiencia debe ser siempre controlada por la palabra escrita, la Biblia. Sin esta norma de control suelen entrar excesos de emocionalismo y fanatismo que no honran a Cristo y no convienen al creyente. Finalmente damos gracias a Dios por todos los dones del Espíritu Santo y dejamos en sus manos la repartición de los dones según sus deseos y no los nuestros (1 Corintios 12:11).

“Los Bautistas son Evangélicos. En una época en la que algunos grupos han deformado la naturaleza de la esperanza cristiana pretendiendo ofrecer soluciones materiales o económicas a las crisis humanas, los bautistas pregonan un mensaje íntegro de salvación. Entendemos que en su esencia el problema del humano es el problema espiritual. Arreglando el hombre su relación con Dios mediante la fe en Jesucristo, habrá una base adecuada para arreglar los problemas de relaciones entre las naciones y los individuos. Creemos que partir de cualquier otra base o concepto de salvación es equivocarse del camino y terminar en la tragedia y desilusión. Somos evangélicos que ofrecemos al mundo las buenas nuevas de salvación y reconciliación.

“Finalmente, aceptamos gustosamente el nombre bautista, con el cual nos identificamos específicamente dentro de la familia cristiana. A través de los siglos los bautistas han defendido un conjunto de doctrinas y prácticas que les han dado una personalidad distinta como denominación. Ellos no pueden pretender tener el monopolio en cuanto a ninguna de las doctrinas individuales, pero sí pueden señalar al conjunto de conceptos y al énfasis dado como característica especial.

“El punto de partida para entender a los bautistas es su doctrina del sacerdocio del creyente. El apóstol Pedro, en su primera carta afirma que los creyentes en Cristo forman un sacerdocio real, y el apóstol Juan, en Apocalipsis 1:6, dice abiertamente que Jesucristo nos hizo reyes y sacerdotes. El sacerdocio del creyente es fundamental, y de esto emanan las demás doctrinas tan importantes para los bautistas. Este concepto quiere decir que el hombre tiene acceso directo a Dios sin la intervención de ninguna otra persona. El bautista acepta gozosamente la enseñanza de Pablo de que hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre (1 Timoteo 2:5). Si al hombre le fue dada esta libertad de acceso directo a Dios, se sigue, lógicamente, que ningún gobierno, institución o individuo debe tratar de limitar o cerrar el paso. Por consiguiente, los bautistas, durante toda su historia, han sido defensores aferrados de la libertad religiosa y de la separación de iglesia y el Estado.

“La misma lógica ha determinado, además, la posición bautista de que el bautismo y la afiliación con la iglesia no son para infantes sino para creyentes, los con edad suficiente para tomar su propia decisión de acercarse a Dios mediante la fe en Jesucristo. La libertad del alma delante de Dios requiere que la decisión de bautizarse sea una decisión libre del creyente mismo, y no de algún familiar, amigo o gobierno.

“Finalmente, el concepto de sacerdocio del creyente significa para todo cristiano una responsabilidad misionera. Los bautistas no hacen una división entre el clero y los fieles o entre los ministros y los laicos. Más bien, todo creyente es un ministro de Dios que tiene la responsabilidad y el privilegio de compartir su fe con otros y de servir a Dios en el cuerpo de Cristo que es la iglesia.

“Estos conceptos y estas experiencias con Cristo han encontrado eco entre los pueblos del mundo”.

En cuanto al nombre de Jesús Nazareno, con el que también gustosamente nos identificamos como congregación local, es de destacarse que con ese nombre fue conocido terrenalmente nuestro Señor Jesucristo, por haber vivido precisamente en la ciudad de Nazaret, para que se cumpliera la Escritura que decía que él “había de ser llamado Nazareno” (Mateo 2:23), y esto no obstante que de esa ciudad en su tiempo no se podía esperar algo bueno, como se desprende de la pregunta que formuló Natanael a Felipe, cuando éste le informó que habían hallado al Mesías, y que éste era procedente de aquel lugar (Juan 1:45 y 46); porque sabemos que Dios se complace en usar lo vil del mundo y lo menospreciado para desarrollar su grandioso plan y cumplir así sus santos propósitos (1 Corintios 1:28).

Sobre este asunto tomamos también en cuenta que con el nombre de Jesús Nazareno no solo fue conocido nuestro Señor por el pueblo, como consta en Mateo 21:11 y Marcos 10:47, sino también por las autoridades, pues dice en Juan 19:19, que “escribió Pilato un título, que puso encima de la cruz. Y el escrito era: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS”. Los demonios igualmente lo conocieron como Jesús Nazareno (Marcos 1:24), y el ángel que anunció su resurrección, también lo llamó así (Marcos 16:6). Lo cual asimismo hizo Pedro al referirse al Señor el día de Pentecostés ante los varones israelitas (Hechos 2:22). E inclusive Jesús mismo, después de su resurrección, se presentó a Saulo como “Jesús de Nazaret” (Hechos 22:8). Y después de la ascensión, los cristianos fueron identificados como “de la secta de los nazarenos”, de acuerdo con el registro contenido en Hechos 24:5.

Ahora bien, la presente constitución se hace consistir en un conjunto de normas, basado en los principios fundamentales de la fe cristiana, desprendidos de la Santa Biblia, que en este caso es la norma suprema, mediante el cual se describe la forma de ordenar nuestra vida corporativa como cristianos bautistas, y con el que se rige y organiza la iglesia local, y se reconocen sus ministerios y funciones respectivas, así como la manera en que se ejercerán dichos ministerios, contemplando a la vez los derechos y deberes de sus miembros ante la propia iglesia constituida, así como los aspectos disciplinarios de la misma; en el entendido de que, en cuanto a derechos, todo verdadero cristiano debe estar consciente de que nada merecemos, y esto aún cuando hubiéremos cumplido con todo deber, pues todo se nos ha concedido por gracia, especialmente la salvación, y que en razón de ello debemos amarnos unos a otros como nos enseña el Señor a través de su Palabra, evitando los pleitos y la contención.

 Esta constitución viene a ser, pues, la expresión de nuestro deseo de someternos como iglesia local a la voluntad de nuestro Señor, de acuerdo precisamente con su Santa Palabra, algo parecido a lo que se hizo en el tiempo de Nehemías, cuando se realizó una alianza solemne del pueblo de Israel para con Dios, firmada por los príncipes, los levitas y los sacerdotes, como consta en Nehemías 9:38, donde dice: “hacemos fiel alianza, y la escribimos, signada de nuestros príncipes, de nuestros Levitas, y de nuestros sacerdotes”. En aquel tiempo, en el documento que se elaboró, ellos asumieron el compromiso de cumplir todo lo que hasta entonces existía ya como Sagrada Escritura, según leemos en el capítulo 10, versículo 29 del mismo libro, que al respecto dice: “Adhiriéronse á sus hermanos, sus principales, y vinieron en la protestación y en el juramento de que andarían en la ley de Dios, que fué dada por mano de Moisés siervo de Dios, y que guardarían y cumplirían todos los mandamientos de Jehová nuestro Señor, y sus juicios y sus estatutos”.

Muchas iglesias locales hay ahora alrededor del mundo, y en el conjunto de todas ellas están los hermanos que componen la iglesia de Jesucristo, pero al contemplar, a través del Nuevo Testamento, a las iglesias del primer siglo practicando precisamente las enseñanzas de Jesucristo y de los apóstoles, es posible percatarnos qué tan lejos han llegado las iglesias actuales, no referido esto a la distancia del tiempo o al espacio físico, sino al apartamiento de tales enseñanzas.

Estas son algunas de aquellas enseñanzas:

1.         “No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla diestra, vuélvele también la otra” (Mateo 5:39);

2.          “Y al que quisiere ponerte a pleito y quitarte la ropa, déjale también la capa” (Mateo 5:40);

3.         “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44).

4.         “No os hagáis tesoros en la tierra” (Mateo 6:19);

5.         “El que repudiare a su mujer, fuera de causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casare con la repudiada, comete adulterio” (Mateo 5:32);

6.         “No juréis en ninguna manera; ni por el cielo… ni por la tierra” (Mateo 5:34,35);

7.         Abrazar no solamente a nuestros hermanos (Mateo 5:47);

8.         Que los hombres oren con sus cabezas descubiertas y las mujeres oren con sus cabezas cubiertas (1 Corintios 11:3-16);

9.         No juntarse con hermanos que son fornicarios, avaros, idólatras, maldicientes, borrachos o ladrones (1 Corintios 5:11);

10.     No llevar ante los tribunales seculares a ningún hermano (1 Corintios 6:1-7);

11.     Usar adecuadamente los dones espirituales (1 Corintios 12:1-31);

12.     Que las mujeres callen en la congregación (1 Corintios 14:34);

13.     Saludarse el uno al otro con ósculo santo (1 Corintios 16:20);

14.     Elegir obispos y diáconos con base en los requisitos basados en los requisitos contenidos en 1 Timoteo 3:1-16;

15.     Que las mujeres se vistan “en hábito honesto, con vergüenza y modestia; no con cabellos encrespados, u oro, o perlas, o vestidos costosos” (1 Timoteo 2:9);

16.     Que los hombres oren levantando manos santas (1 Timoteo 2:8), y

17.     Que sea puesta en la lista la viuda no menor de sesenta años, que cumpla con los otros requisitos dados en 1 Timoteo 5:9-10.

Por lo tanto, sirvan también estos lineamientos a la finalidad de producir en el pueblo del Señor una gran motivación para indagar sobre las sendas antiguas y para andar por el buen camino (Jeremías 6:16; Juan 14;6 y Colosenses 2:6), y tengamos a través de este instrumento, por razones de practicidad, una orientación sobre cuál debe ser el proceder de la iglesia y de sus miembros en determinados asuntos, para ajustar nuestra actuación precisamente a lo preceptuado por las Sagradas Escrituras respecto de nuestro diario vivir.

Ciertamente no todos los asuntos importantes de la vida cristiana están incluidos en este instrumento, pero en él expresamos nuestro ideal a alcanzar como iglesia de Jesucristo, así como nuestra aspiración a cumplir con el propósito para el que estamos aquí en la tierra.

En razón de lo anterior, con el nombre y con la posición ya expresados, adoptamos de común acuerdo esta constitución, a la cual voluntariamente nos sometemos, para regir con ella nuestra actuación como iglesia local.

CONSTITUCIÓN DE LA IGLESIA

CAPÍTULO I

NOMBRE Y LUGAR

Artículo 1º. El nombre de esta iglesia será Congregación Bautista Jesús Nazareno, y su domicilio se ubica en la ciudad de Culiacán, estado de Sinaloa, república de México.

CAPÍTULO II

PROPÓSITO

Artículo 2º. El propósito de la iglesia denominada Congregación Bautista Jesús Nazareno es:

I. Predicar el evangelio de Jesucristo para salvación de las personas, en debido acatamiento de su santo mandato, implementando para ello planes y programas de carácter bíblico, educacional, cultural y social, que permitan a la vez una formación moral, espiritual y cristiana de las personas, por medio de la enseñanza que para ello se desprende precisamente de la Santa Biblia (Mateo 28:18-20; Marcos 16:15 y 16, y Lucas 24:46 y 47).

II. Glorificar, adorar y alabar a Dios con salmos e himnos y canciones espirituales (Juan 4:23 y 24; 1 Corintios 6:20; Efesios 5:19, y Colosenses 3:16).

III. Edificar a los santos, anunciándoles todo el consejo sagrado que se encuentra en la Biblia misma, asumiendo que solo ella es nuestra regla de fe y práctica (Isaías 8:20; Juan 15:10 y 14; Hechos 20:27; Efesios 4:15-16, y 1 Tesalonicenses 5:11).

Por su naturaleza este organismo no persigue fines de lucro, y por lo tanto, de ninguna manera, y bajo ningún pretexto, se permitirá esto.

CAPÍTULO III

ARTÍCULOS DE FE

Artículo 3º. Aunque la Biblia es nuestra única regla de fe y práctica, adoptamos como fiel expresión de nuestra fe, la Confesión de Fe de Londres de 1689, y asimismo hacemos propia la aclaración que sobre este documento hiciera el célebre predicador inglés del siglo XIX, Charles H. Spurgeon, concretamente acerca de cómo aceptamos dicha confesión: “Este pequeño tomo no se presenta como una regla autoritativa ni como un código de fe, sino como una ayuda en casos de controversia, una confirmación en la fe y un medio para edificación en justicia. En él los miembros más jóvenes de nuestra iglesia tendrán un conjunto resumido de enseñanzas divinas, y por medio de pruebas bíblicas, estarán preparados para dar razón de la esperanza que hay en ellos”. Y siendo esto así, reiteramos que la máxima autoridad en todos los asuntos de fe, orden y moral, es y debe ser la Biblia (que es la Palabra de Dios), verdad que está claramente establecida en el primer artículo de la confesión que se invoca.

CAPÍTULO IV

ESCATOLOGÍA

ARTÍCULO 4º. La escatología en cuanto a la segunda venida del Señor Jesús tiene diferentes puntos de vista dentro de la gran familia cristiana, pero esto no debe ser motivo de desunión entre verdaderos cristianos, considerando que algunos detalles en los que ahora hay desacuerdo, pueden estar fundados en meras especulaciones, toda vez que hay asuntos cuyo secreto Dios se ha reservado, conforme a su infinita sabiduría (Deuteronomio 29:29; Mateo 24:36 y 25:13), para aclararlo en el momento oportuno con su Palabra Santa, y con el cumplimiento mismo de la profecía respectiva cuando llegue el tiempo propicio, siendo uno de esos asuntos precisamente el relativo al momento en que tendrá lugar el retorno de Cristo, respecto de lo cual él mismo dijo que solo el Padre sabe el día y la hora en que esto habrá de suceder, y ante lo cual solo nos corresponde estar atentos a las señales que precederán su regreso, perseverando “en él; para que cuando apareciere, tengamos confianza, y no seamos confundidos de él en su venida”(1 Juan 2:28).

Artículo 5º. Por lo que toca al llamado arrebatamiento, no entremos en conflicto con nadie, sino atengámonos a la declaración expresa que sobre el particular hiciera nuestro Señor Jesucristo en Mateo 24:9-41, donde se advierte, con toda claridad, que será “después de la aflicción de aquellos días”, cuando “con gran voz de trompeta” (robustecido esto por el apóstol Pablo en 1 Corintios 15:52 y 1 Tesalonicences 4:16), enviará el Señor a sus ángeles (lo que se confirma en 2 Tesalonicences 1:7), a que junten a los escogidos de él, “de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro”, acontecimiento que sí será repentino, y respecto a lo cual también dijo nuestro Señor que “Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado: Dos mujeres moliendo a un molinillo; la una será tomada y la otra será dejada”. Y además, tengamos por cierto que si bien la ira de Dios no es para la iglesia (1 Tesalonicenses 1:10), ésta sí tiene que estar preparada, si es preciso, para sufrir persecución y saber enfrentar, con la guianza divina, cualquier caos mundial o local (Marcos 13:8,9,19 y 20), como lo hizo el pueblo de Israel en Egipto, mientras tuvieron lugar las grandes plagas que anticiparon el éxodo hacia la tierra prometida, considerando que la descripción de la venida del Señor, que aparece en el capítulo 24 del  Evangelio según San Mateo, como en el libro de Apocalipsis y en múltiples pasajes más, debe ser bien conocida entre nosotros, para esperar en vela tanto el regreso del Señor, como el cumplimiento de las señales y sucesos que sobrevendrán en la tierra, antes de tan trascendental y grandioso evento, como él mismo lo mandó diciendo: “Velad pues, orando en todo tiempo, que seáis tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que han de venir, y de estar en pie delante del Hijo del hombre” (Lucas 21:36), y considerando además que nada de lo que pase en este mundo tiene que mover nuestra esperanza de que el Señor vendrá por su iglesia.

Artículo 6º. Respecto del anticristo estamos advertidos de que él ha tenido y tiene ahora muchos precursores (1 Juan 2:18). Sobre este asunto sabemos también, que antes de que venga el Señor se manifestará personalmente aquel que en las Sagradas Escrituras es mencionado como “el hombre de pecado, el hijo de perdición” “inicuo” y “bestia” (2 Tesalonicenses 2: 3-12; Apocalipsis 13:1-9), el cual es propiamente el anticristo, de quien dice la Palabra de Dios que “le fue dado hacer guerra contra los santos y vencerlos”, y que además “También le fue dada potencia sobre toda tribu y pueblo y lengua y gente”, pero que a ese el Señor lo “matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida”.

CAPÍTULO V

DEL GOBIERNO DE LA IGLESIA

Artículo 7º. El Señor Jesucristo es la única cabeza suprema de esta iglesia. Al seguir su guía, esta iglesia se compromete a manejar sus propios asuntos conforme a la Palabra inerrante de Dios, y de acuerdo con la orientación de los ancianos debidamente constituidos y encomendados al Señor (Hechos 14:23), quienes en todo caso ejercerán el gobierno de los asuntos eclesiásticos de acuerdo con las Sagradas Escrituras, conforme a las cuales deberán apacentar la  grey de Dios y tener cuidado de ella, así como realizar la supervisión de la misma, al tiempo que podrán administrar el bautismo y la Cena del Señor, solemnizar matrimonios y ungir a los enfermos, ejerciendo su actuación “no como teniendo señorío sobre las heredades del Señor, sino siendo dechados de la grey” (1 Pedro 5:2 y 3), considerando para esto que el Señor Jesús mismo dijo sobre este particular: “el que quisiere entre vosotros hacerse grande, será vuestro servidor; y el que quisiere entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo” (Mateo 20:26 y 27). Y además, en el entendido de que para el ejercicio de su ministerio en las cosas materiales, contarán con el apoyo y auxilio de los diáconos, cuyo deber primario será el de “servir a las mesas”, de acuerdo con Hechos 6: 1 al 6. Pero, tanto los ancianos como los diáconos deberán tener presente siempre el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo, de quien la Escritura dice que “no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:28).

A. De los Ancianos (Pastores u Obispos) de la Iglesia:

I. Siendo que de la Santa Biblia se desprende que nuestro Señor Jesucristo ha dispuesto que sus iglesias locales sean bendecidas con la autoridad espiritual y el ministerio de los ancianos, la congregación procurará identificar a estos hombres dotados y hará las nominaciones correspondientes para que se sumen a los ancianos ya existentes, y después de su aprobación unánime, y de la recomendación de estos últimos, ellos serán formalmente reconocidos como tales por voto mayoritario de los miembros presentes con derecho a voto.

II. Poco tiempo después del voto de la congregación, se asignará una parte especial de un servicio regular para que los que van a ocupar esos cargos sean ordenados y apartados por la imposición de las manos y la oración, después de lo cual la iglesia se someterá también a la autoridad y ministerio de esos ancianos, tal y como se aprecia en los siguientes pasajes escriturarios: Hechos 14:23; Hebreos 13:17, y 1 Tesalonicenses 5:12-13.

III. Los ancianos tendrán a su cargo la supervisión general de toda la iglesia, su ministerio y funciones de carácter espiritual, y preponderantemente velarán por las almas de los miembros y por el estado espiritual de la iglesia, aplicando también cuando sea necesario, en los casos específicos, la disciplina correspondiente. Para el ejercicio de su función todos los ancianos deberán evidenciar las cualidades personales y ministeriales que respecto de ellos se mencionan en las Sagradas Escrituras (Hechos 20:28-30; Efesios 4:7-11; 1 Timoteo 3:1-7; Tito 1:5-9; Hebreos 13:7 y 17, y 1 Pedro 5:1-4). Conforme a las enseñanzas bíblicas no se aceptarán mujeres en el ministerio de ancianos, pero ellas podrán participar en todo aquello que las Sagradas Escrituras no les impidan (1 Corintios 14:34-35, y 1 Timoteo 2:11-12).

IV. Todos los ancianos serán iguales en poder, autoridad y gobierno, pero como dentro de la paridad del presbiterio hay diversidad, alguno o algunos de ellos tendrán que ocuparse preponderantemente de la atención de las necesidades espirituales de la iglesia, y en tal caso les será necesario separarse de las actividades seculares y dedicarse por entero a la oración, al ministerio de la Palabra, y a la anunciación del evangelio, pudiendo por lo mismo vivir del evangelio, en el sentido de ser sostenidos económicamente por la iglesia, desde luego con acuerdo y consentimiento de ésta (como se desprende de Hechos 6:4 y 1 Corintios 9:14). Pero esto en todo caso procederá respecto de ancianos que, teniendo un alto conocimiento de la Palabra de Dios y experiencia demostrada en el ministerio, gobiernen bien, y reúnan además las cualidades personales, domésticas y ministeriales que se mencionan en 1 Timoteo 3:1-7 y Tito 1:5-9, bajo el acuerdo de que uno de tales ancianos será el representante para asuntos oficiales, para lo cual deberá contar con la aprobación expresa o tácita de sus colegas.

V. Cada uno de los ancianos deberá ser capaz de afirmar en conciencia y públicamente ante la iglesia su completo acuerdo con todo lo enseñado por la Santa Biblia, pues de lo contrario no podrán ser reconocidos ni ordenados como tales, ni enseñar en los cultos, ni ejercer ningún ministerio en la congregación.

VI. El ministerio de los ancianos puede terminar por:

a)   Renuncia voluntaria, previo aviso de tres meses.

b)   Separación justificada de su cargo, sin perjuicio para la iglesia, y por acuerdo del setenta de la membresía presente, mediante votación por cédula, habiendo avisado previamente a todos los miembros activos de la hora, día, y motivo de la reunión.

c)    Mostrar una conducta contraria a las enseñanzas de las Santas Escrituras, en cuyo caso se tratará también de una causal de separación justificada sin perjuicio para la iglesia.

B. De los Diáconos de la Iglesia:

I.      De acuerdo con las Sagradas Escrituras, los primeros diáconos de la iglesia cristiana se ocuparon de la distribución de los alimentos a las viudas, por lo que en el caso de los diáconos de la Congregación Bautista Jesús Nazareno, esto será preponderante; socorriendo además a diversas personas necesitadas, según la provisión del Señor, todo lo cual deberán hacerlo para la honra y gloria de Dios, y en sujeción a los ancianos, a quienes apoyarán y auxiliarán también en los diferentes asuntos prácticos y materiales de la Iglesia, sin menoscabo de su servicio “a las mesas” (Hechos 6:1-7 y 1 Timoteo 3:8-13).

II.     Los diáconos deberán reunir las cualidades que respecto de este oficio se mencionan en Hechos 6:3 y 1 Timoteo 3:8-13, y el ejercicio de su ministerio no será impedimento para que también prediquen la Palabra de Dios, cuando esto fuere necesario, pero esto solo será procedente respecto de los varones (1 Timoteo 2:12).

III. Los diáconos deberán seguir las especificaciones administrativas de los ancianos en el manejo de los fondos proporcionados para el desarrollo de su ministerio.

IV. Todos los miembros llamados al servicio del diaconado deberán estar de acuerdo con todo lo enseñado por la Santa Biblia, sin lo cual no podrán ejercer ningún tipo de ministerio en la congregación.

El ministerio de los diáconos puede terminar por las mismas razones que en relación con este asunto se señalan respecto de los ancianos.

CAPÍTULO VI

DE LA MESA DIRECTIVA

Artículo 8º. La congregación contará también con una mesa directiva que estará compuesta por los ancianos y los diáconos varones, cuyas funciones han quedado descritas en la parte correspondiente, así como por el Secretario y el Tesorero y los respectivos suplentes de estos últimos, constituyendo todos ellos el cuerpo de oficiales.

I. – Son facultades y obligaciones del Secretario:

a)   Llevar los libros de actas, de registro de miembros, de inventario de la iglesia, y de comunicaciones;

b)   Guardar copia de toda comunicación escrita;

c)    Atender la correspondencia oficial de la iglesia, bajo la supervisión de la Mesa Directiva, y

d)   Cumplir con todas las funciones que se le asignen por acuerdo de la congregación.

II. – Son facultades y obligaciones del Tesorero:

a) Encargarse de los fondos que en dinero o en especie provean los miembros de la congregación, mismos fondos con los que no podrá realizar gastos no contemplados en el presupuesto de la iglesia, salvo que la iglesia misma autorizare un gasto extraordinario.

b) Firmar, con asistencia de otra persona oficialmente elegida, los cheques de la iglesia.

c) Presentar en las sesiones de negocios, y cuando la iglesia lo considere aconsejable, el informe detallado del saldo y los informes de las inversiones realizadas, acompañados de los respectivos comprobantes.

d) Contar las ofrendas, con el auxilio de otra persona nombrada por la iglesia, registrando la suma correspondiente, con la firma de la persona auxiliar.

e) Proveer de los fondos de la iglesia, en caso de que sea posible, una caja chica, cuya cantidad de dinero acordará con los ancianos de la iglesia para atender necesidades menores emergentes, que será manejada por los ancianos de la Iglesia, quienes según su sano criterio la utilizarán, debiendo estos presentar los recibos respectivos para ser reembolsada.

f) Elaborar el presupuesto, balance y estados de cuenta que han de ser sometidos a la congregación, y

g) Las demás que sean propias del cargo y que le encomiende la congregación.

CAPÍTULO VII

DE LAS SESIONES DE NEGOCIOS

Artículo 9º. Se realizarán sesiones ordinarias y extraordinarias de negocios de la iglesia y de la Mesa Directiva, de acuerdo con las necesidades que tengan que atenderse, en el entendido de que el quórum para las sesiones ordinarias de negocios de la iglesia será el sesenta por ciento de la membresía activa que tiene derecho a votar; mientras que para las decisiones mayores, tales como llamar o despedir a un anciano o diácono, disciplinar a un miembro, gastos mayores, y otras de carácter trascendental, el quórum será el setenta por ciento de la membresía que tiene derecho a votar.

Para las decisiones ordinarias, el voto mayor de los miembros presentes será suficiente.  Para las decisiones mayores, la votación de dos terceras partes de los miembros presentes será necesaria, en el entendido de que la edad mínima para tener derecho a votar será de dieciocho años cumplidos.

A.   Sesiones de la Iglesia:

I.      Se realizará la reunión anual en el mes de febrero de cada año.  Las sesiones ordinarias tendrán como finalidad recibir el informe de los ancianos, y del tesorero, elecciones de ancianos o diáconos, y del anciano representante si fuere necesario, así como tratar cualquier asunto que tenga que ver con la buena marcha de la Iglesia.  Estas sesiones deben ser anunciadas en todas las reuniones de la iglesia desde dos domingos inmediatamente anteriores a la sesión de negocios.

II.    Las sesiones extraordinarias pueden ser convocadas por los ancianos, para tratar cualquier asunto que se considere importante, y en ausencia de los ancianos por tres miembros de la iglesia en caso de necesidad, avisando a cada miembro personalmente con la mayor anticipación que sea posible.

III.  Cuando una persona se presente solicitando membresía, la congregación someterá el caso a votación de los miembros activos, para saber si se recibirá o no.

IV. Todas las elecciones de ancianos y de diáconos se harán por cédula, las demás votaciones se harán a criterio de la iglesia.

B. Sesiones de la Mesa Directiva:

                    I.     En caso de necesidad los ancianos o un miembro de la Mesa Directiva podrán convocarla a sesión, avisando a cada uno personalmente con anticipación.

                  II.     En la reunión anual, se elegirán los integrantes de la Mesa Directiva por votación de los miembros activos de la iglesia, en el entendido de que podrán ser ratificados en sus cargos si ello fuere conveniente.

CAPÍTULO VIII

DE LA MEMBRESÍA

Artículo 10. Aunque todo cristiano verdadero es parte de la iglesia de Jesucristo, deviene necesario destacar que tal iglesia se hace visible aquí en la tierra a través de la iglesia local, y que por lo tanto ésta debe tener especial cuidado en la admisión de sus componentes, sobre todo considerando que cada miembro debe traer honor a nuestro Salvador.
A.   Requisitos para ser miembro de la Iglesia:

I.         Declarar arrepentimiento para con Dios y fe en nuestro Señor Jesucristo (Hechos 2:37-42; 5:14; 8:12; 16:30-34; 20:21);

II.       Ser bautizado por inmersión en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, luego de su profesión de fe (Mateo 28:18-20; Juan 4:1,2; Hechos 2:41; 8:12, 36-38; 16:31-34; 18:8, y Romanos 6:4-6);

III.     Expresar voluntariamente su disposición a someterse al gobierno de esta iglesia (1 Corintios 14:40; Hechos 2:42; 1 Colosenses 1:10; Hebreos 13:17) y disciplina ( Mateo 18:15-18), y

IV.     Tener buen testimonio delante de todos (1 Timoteo 3:1-7).

B.        Tipos de Membresía de la Iglesia:

Cada miembro de la iglesia es una parte importante del cuerpo visible de Jesucristo, y tiene una función peculiar en la vida de ese cuerpo (1 Corintios 12:14-27), pero por razones prácticas, se requiere el reconocimiento de la siguiente clasificación de la membresía en esta iglesia local:

I. Miembros Regulares. Serán considerados miembros regulares todos los que son recibidos en la membresía de la iglesia por cubrir los requisitos establecidos en el inciso A de este artículo, que asistan regularmente a los cultos de la iglesia y quienes no estén bajo la disciplina correctiva a que se alude en la sección sobre la disciplina correctiva de la iglesia, todos los cuales deberán contar con buen testimonio, para estar en aptitud de disfrutar de los derechos y privilegios de los miembros en la iglesia (Hechos 2:37-42).

II. Miembros Temporales. Pueden ser recibidas en membresía de la iglesia sobre la misma base, y de la misma manera que las personas que tienen residencia permanente en nuestra área geográfica, las personas que vienen a vivir a nuestra ciudad por un período limitado de tiempo (por ejemplo estudiantes universitarios, personal militar, personas con una misión especial de trabajo). Si una de tales personas ya tiene su membresía en una iglesia de su lugar de residencia permanente, no necesita renunciar a la membresía de su iglesia local, pero será considerada como miembro temporal entre nosotros, gozando de todos los derechos y privilegios de la membresía regular. Cuando esta persona termine su temporada y deje esta área, será reintegrada automáticamente a su iglesia local, y ya no será considerada como miembro temporal de esta iglesia, salvo que regrese otra vez de la misma manera (Hechos 18:27; Romanos 16:1-2; 2 Corintios 3:1b; Colosenses 4:10 y 3 Juan 5-10).

III. Miembros Asociados. Miembros regulares que se mudan de nuestra localidad y que no pueden encontrar otra iglesia local a la cual ellos puedan conscientemente unirse, a solicitud de ellos serán retenidos como miembros asociados de esta iglesia. Estas personas deben mantener una comunicación regular con la iglesia, a fin de preservar su membresía. Sin embargo, ellos serán estimulados a buscar diligentemente una iglesia a la cual puedan unirse en otro lugar, o a iniciar una obra evangelística en el lugar donde se encuentren. A un miembro asociado no le será permitido votar en ninguna reunión de la iglesia. A discreción de los ancianos, la membresía asociada puede también concederse a personas que por su estado de salud ya no puedan asistir a las reuniones de la iglesia, obreros de la mies que se encuentren en distintas ciudades o en el extranjero, y otros cuya relación con la iglesia envuelva circunstancias extraordinarias, considerando como ejemplo el caso que se describe en Hechos 8:27-40.

Por otra parte, si un miembro se mudase ilegalmente a un país extranjero, para residir en esa condición allá, perdería por ese solo hecho su membresía en esta iglesia.

Artículo 12. La membresía se pierde por:

I.          Muerte.

II.        Por carta de recomendación concedida a otra iglesia afín a ésta.

III.      Por indisciplina, cuando una persona esté viviendo en evidente pecado moral o doctrinal, y que no obstante haber sido amonestada escrituralmente y haber enmendado su proceder, persiste en su error. En tal caso dicha persona sea sometida a disciplina, y si luego deseare volver a restaurar sus derechos de membresía y de comunión, sígase el procedimiento escritural respectivo.

IV.     Por inactividad, si la persona deja de asistir injustificadamente por tres meses consecutivos a las reuniones de la iglesia, en cuyo caso deberá previamente declararse a tal persona inactiva, y suspendérsele a continuación sus derechos.

Artículo 13. Los miembros serán aceptados por:

I. Por bautismo. La iglesia examinará a los creyentes que desean ser bautizados con respecto a su fe y testimonio, y si los hallare aceptables se procederá a bautizarlos y a admitirlos como miembros.

II. Por carta de recomendación de otra iglesia bautista en la que se explique el porqué ya no pertenece a ella.

III. Por declaración del creyente.

Artículo 14. Los evangelistas pueden ser miembros asociados con todos los derechos de los otros miembros.

Artículo 15. Únicamente los miembros que estén en plena comunión con la iglesia y gocen de buena reputación ante los hermanos y el mundo, y asistan fielmente, tienen derecho a voz y voto en las deliberaciones de la iglesia, y pueden ser elegidos para ejercer funciones de la iglesia como diáconos, ancianos y otros cargos, o para cualquier participación pertinente en la obra de la iglesia.

Artículo 16. Si el miembro estuviere ausente de los cultos y de las reuniones de negocios por más de tres meses, sin causa justa, será considerado miembro inactivo sin derecho ni a voz ni a voto, ni a ser votado para los cargos de la iglesia, hasta que haya asistido fielmente por tres meses como mínimo.

Artículo 17. Los miembros en plena comunión con la iglesia que deseen unirse a otra iglesia evangélica podrán solicitar cartas de testimonio, las cuales les serán concedidas.

Artículo 18.  De acuerdo con el artículo 12 del capítulo 26, de nuestra Confesión de Fe, “Todos los creyentes están obligados a unirse a iglesias locales cuándo y dónde tengan oportunidad de hacerlo. Asimismo, todos aquellos que son admitidos a los privilegios de una iglesia también están sujetos a la disciplina y el gobierno de la misma, conforme a la norma de Cristo”.

CAPÍTULO IX

DERECHOS DE LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA

Artículo 19. Siendo que el Señor Jesús dijo respecto del distintivo que debemos tener como discípulos de él, que todos conocerán que somos discípulos de él, si tuviéremos “amor los unos con los otros” (Juan 13:35), deberá prevalecer el amor en todos nuestros tratos como hermanos, y aunque por causa de ello ninguno de los hermanos de esta congregación deberá caracterizarse por andar pleiteando contra otro miembro del cuerpo de Cristo, y menos aún ante los tribunales seculares, no se permitirán ni se favorecerán, bajo ningún pretexto, agravios o abusos contra nadie, y sí en cambio la congregación entera deberá hacer prevalecer siempre las condiciones propicias para que el sentido de pertenencia al grupo se ostente con gusto, con placer y con honor, y pueda a la vez cada hermano saludarse con la paz del Señor, considerando para todo esto las palabras que se encuentran en Filipenses 2:3, donde dice: “Nada hagáis por contienda ó por vanagloria; antes bien en humildad, estimándoos inferiores los unos á los otros”.

En razón de lo anterior, y tomando en cuenta que cada miembro, tan solo por ser persona hecha a la imagen y semejanza de Dios, debe recibir de nosotros un trato digno, respetuoso, y sin menosprecio por razones inherentes a su raza o condición social o económica, o por alguna otra razón; y debe además ser atendido oportunamente cuando lo requiera; permitírsele que exprese sus opiniones, exponga sus ideas y presente propuestas por los conductos idóneos; que conozca el estado financiero de la congregación; que sea informado y participe en las actividades y en los respectivos programas de la iglesia; ser asistido como corresponda, según fuere el caso, por los ancianos y los diáconos; debiendo también permitírsele que se edifique espiritualmente mediante la participación en los cultos, el discipulado y demás actos donde se brinde enseñanza bíblica; que presente sus quejas o denuncias ante los ancianos  de su congregación y que sea atendido en las mismas; que se les reconozca su crecimiento espiritual y se fomente su participación en las actividades de la iglesia; que asista a los servicios de la iglesia y practique, cuando fuere necesario, las ceremonias y actos del culto; que se identifique como miembro de la iglesia, y que se separe voluntariamente de la membresía de la misma, cumpliendo primero, desde luego, los compromisos previamente establecidos.

CAPÍTULO X

DEBERES DE LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA

Artículo 20. El Señor nos ha salvado por gracia, y sin duda nada de lo que hagamos va a hacernos merecedores de la salvación, pero debemos hacer las obras que “Dios preparó para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:8-10), que en cada caso concreto serán distintas; e independientemente de ello, en términos generales, y para con la iglesia, así como para con nuestro Señor, cada miembro deberá cumplir, con buena disposición, lo siguiente:

Mantener testimonio personal digno de su pertenencia a la iglesia, mostrando claramente los frutos del Espíritu de Dios en sus vidas; participar responsablemente en los actos que desarrolle la iglesia; aportar económicamente “cada primer día de la semana […] lo que por la bondad de Dios pudiere” para el sostenimiento de la Iglesia;  defender pública y privadamente las actividades que de acuerdo con la Santa Biblia llevaren a cabo su iglesia o sus miembros; realizar como le corresponda la práctica de las decisiones tomadas por la asamblea general; resolver sus discrepancias conforme a las Sagradas Escrituras, evitando la murmuración; respetar y honrar al resto de miembros y autoridades de la iglesia; apoyar a los ancianos y a los diáconos en el desarrollo de su ministerio; aceptar los cargos con los que esté en posibilidades de cumplir y que se le adjudiquen para un mejor servicio, salvo objeciones justificadas; colaborar en las actuaciones necesarias para el funcionamiento normal de la iglesia, tales como limpieza y mantenimiento, tareas de carácter administrativo y gestiones, etc.; participar activamente en la realización de los fines principales de la iglesia, como el evangelismo personal, la adoración y la

CAPÍTULO XI

PATRIMONIO DE LA IGLESIA

Artículo 21. El patrimonio de la Iglesia estará formado por:

a) Las aportaciones voluntarias en dinero o en especie que por la bondad de Dios pudieren hacer los miembros (1 Corintios 16:2),  para el sostén de la obra del Señor y la predicación del santo evangelio, a fin de cumplir el propósito para el que existe esta iglesia, de acuerdo con lo dispuesto en el  artículo 2 de esta constitución.

b) Donaciones por personas ajenas a la iglesia que contribuyan sin buscar intereses personales o el perjuicio de la autonomía e independencia de esta iglesia.

c) Los bienes muebles e inmuebles que por cualquier concepto lícito lleguen a pertenecer a la iglesia.

CAPÍTULO XII

DE LA AUTONOMÍA E INDEPENDENCIA DE LA IGLESIA

Artículo 22. Esta iglesia cristiana siempre será autónoma e independiente, gobernándose y sosteniéndose a sí misma bajo la dirección de su cabeza, que lo es el Señor Jesucristo, y conforme a los principios de las Sagradas Escrituras. Nunca se someterá bajo la dirección de ninguna otra entidad, pero estará en libertad de tener comunión con otras iglesias de buen testimonio, y asociarse con ellas en esfuerzos comunes para la obra del Señor Jesucristo.

Artículo 23. No se acepta ningún otro tipo de autoridad eclesiástica sobre la congregación, que no sea la del Señor Jesucristo, quien es la cabeza de la iglesia (Efesios 5:23, y quien dirige los asuntos de la iglesia a través de los ancianos escogidos y ordenados de acuerdo con los preceptos de las Sagradas Escrituras.

Artículo 24. La iglesia puede cooperar en actividades evangélicas o humanitarias, de acuerdo con los principios de su propia constitución, con otras iglesias afines en materia de interés y preocupación mutuos, pero no podrá interactuar con iglesias, grupos o individuos vinculados a movimientos que propendan a la idolatría o a la enseñanza de herejías y doctrinas antibíblicas (2 Corintios 6:17).

Artículo 25. Puede también esta iglesia buscar la ayuda y el consejo de otras iglesias en asuntos de especial interés para sus miembros, pero las decisiones de otra iglesia, grupos de iglesias o asociaciones no podrán en ningún momento ser reconocidas como medios de sujeción para esta iglesia.

CAPÍTULO XIII

DE LAS CEREMONIAS, DEVOCIONES Y DIVERSAS ACTIVIDADES DEL CULTO CONGREGACIONAL

Artículo 26. Todas las actividades que tengan por objeto rendir culto a Dios por parte de los miembros de esta congregación, deberán realizarse con una conciencia buena e irreprensible (Hechos 24:16; 1 Pedro 3:16), y nunca como por carga impuesta por los hombres o “para ser vistos de ellos”. Y así, el asistir a las reuniones respectivas; el practicar la oración; el cantar; el predicar; el enseñar; el leer la Santa Biblia; el hacer aportaciones en dinero o en especie por cualquiera de los conceptos mencionados en las Sagradas Escrituras; el adoptar actitudes de carácter ético inherentes a celebraciones, comidas, bebidas o ayunos, o relacionadas con el uso de indumentarias, instrumentos musicales y diferentes tipos de música, así como con la asunción de obligaciones, y otras prácticas más que se realizaren y que no contravinieren la Palabra del Señor, tendrán lugar sólo por decisión libre y voluntaria, y siempre cuidando de no ofender a quien discordare en esto, de tal manera que ninguna persona pueda quejarse de que se le haya exigido hacer o dejar de hacer alguna de estas cosas, pero también de tal manera que quien las haga sólo busque agradar a Dios con ello, sin adoptar para con los demás una actitud farisaica e indigna de un discípulo de Cristo; al tiempo que se reprobará tanto el proceder burlesco como la crítica insana que se genere contra quien decida practicarlas (1 Timoteo 5:20 y 21), pues todo deberá hacerse para la honra y gloria del Señor, y para su santo servicio, con temor, reverencia, amor y gratitud, siendo aplicables al respecto los preceptos sagrados contenidos en Mateo 6:1-5; Marcos 12:41-44; Romanos 14:1-23; 1 Corintios 8:9-13 y 13: 1-13; Gálatas 4:6-11; Colosenses 2:20-23; 1 Pedro 2:15 y 16; Judas 4; 1 Corintios 10:31 y Hebreos 12:28).

Artículo 27. Esta congregación no favorecerá ni estimulará por ningún motivo, sino que por el contrario reprobará, las actitudes o prácticas mundanas que se traduzcan en libertinaje o disolución, bajo el pretexto de vivir bajo la gracia, puesto que el ser salvo por gracia de ninguna manera significa que se deba perseverar en el pecado (Romanos 6:1-4, 15; 1 Pedro 2:16; Judas 3-4); recordando en esto que a los cristianos dice la Palabra de Dios en 1 Pedro 2:9: “vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable”. Y que en razón de ello más bien se debe válidamente cumplir con aquel precepto que dice: “enseñarán a mi pueblo a hacer diferencia entre lo santo y lo profano, y le enseñarán a discernir entre lo limpio y lo no limpio” (Ezequiel 44:23).

Artículo 28. Ni el fariseísmo ni el mundanalismo se promoverán en esta santa congregación, sino que se reprobarán, y se estimulará a todos los miembros de la misma a seguir “la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14), en el entendido de que para motivar a lo positivo y a lo correcto se recurrirá a la sana doctrina de Cristo, a la exhortación, a la consejería, y a cualquier medio lícito que, conforme a las Santas Escrituras, contribuya a la obediencia voluntaria a Dios, y no al solo propósito de cubrir las apariencias, con descuido del amor y de la justicia de Dios (Lucas 11:42; Santiago 2:13), recordando además que el Señor también ha dicho: “Andad pues, y aprended qué cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio: porque no he venido á llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento” (Mateo 9:13).

Artículo 29. La congregación podrá desarrollar múltiples reuniones o eventos de acuerdo a la necesidad de la obra, en cualquier día de la semana. Pero el día domingo, será el día especial de adoración a Dios y predicación de su Santa Palabra. Es recomendable que los miembros asistan a la mayor parte de actividades de la iglesia, pero preponderantemente el primer día de la semana, recordando la resurrección del Señor, que ocurrió ese día precisamente (Marcos 16:1-9; Juan 20:19 y 26; Hechos 20:6 y 7, y 1 Corintios 16:1 y 2).

Artículo 30. En cuanto a la vestimenta, deberán procurar, tanto los hombres como las mujeres, honrar con ella a Dios. La mujer deberá vestir de acuerdo con la enseñanza que sobre el particular nos brindan las Escrituras, especialmente en 1 Timoteo 2:9 y 10, y 1 Pedro 3:3 y 4, resaltando predominantemente la belleza interior, y por lo tanto tendrá que ser con modestia, decencia y buen gusto, evitando la sensualidad provocativa, aunque ésta esté de moda; no haciendo ostentación de“oro, o perlas, o vestidos costosos” (1 Timoteo 2:9). Debiendo este principio aplicarse, no solo a las ropas, sino a también a todos los asuntos que involucran la apariencia personal y sus adornos. Su vestimenta, pues, debe evidenciar la riqueza del “hombre del corazón que está encubierto, en incorruptible ornato de espíritu agradable y pacífico, lo cual es de grande estima delante de Dios” (1 Pedro 3:4). Y por lo que toca a los hombres, es de destacarse que, al igual que las mujeres, en su vestir deben considerar que en esta vida, tanto el varón como la mujer son embajadores del reino de los cielos (2 Corintios 5:20), y que los cristianos tienen la responsabilidad de ser luminares en el mundo (Filipenses 2:15). Tomando en cuenta además, que el creyente, hombre o mujer, debe vestirse para agradar a su Señor, en el entendido de que la moda nunca deberá ocupar el lugar de señorío que solo pertenece a Cristo. Esta disposición solo es aplicable a los miembros de la iglesia denominada Congregación Bautista Jesús Nazareno.

Artículo 31.  Respecto del uso del velo en las mujeres no deberá haber contención, puesto que, aunque por razón del tiempo y de la moda pareciera que esto ya no es exigible, sí deben considerarse los preceptos que regulan su uso, los cuales están contenidos en 1 Corintios 11:1-16, y favorecer el uso del mismo  como “señal de potestad sobre su cabeza, por causa de los ángeles”, sin que pueda alegarse en contrario la moda o la cultura, toda vez que la actuación de los ángeles no está supeditada a la moda o a la cultura, pero en el entendido de que el acatamiento de estos preceptos, como el de todos los demás, tendrá que ser voluntario, y reconociendo también que, aunque la Santa Escritura enseña que a la mujer le es dado el cabello en lugar del velo, del mismo pasaje que se invoca se desprende que la mujer sí debe cubrirse la cabeza cuando “ora o profetiza” (vs. 5 y 6), primero como obediencia a la Palabra de Dios, y segundo como una señal de su disposición a someterse al liderazgo o la guía de sus esposos.

Debe tomarse en cuenta además, al reconocer la validez del precepto relativo al uso del velo, que el orden del que se deriva fue establecido por Dios, y no por el hombre, y que tal orden es el mismo que operó en la creación, tanto del hombre como de la mujer, y que por lo tanto, el mandamiento respectivo no dimana de ninguna costumbre local, ni judía ni griega. El hombre fue creado primero; la mujer fue creada después, y fue creada para el hombre (1 Corintios 11:8 y 9); y siendo esta una verdad fundamental, no la afectan para nada las circunstancias variables del tiempo y del espacio, pues Dios mismo determinó quién sería para siempre la cabeza, sea que se reconozca o no, y toda mujer que así lo acepta, mostrando la sumisión que el Señor quiere, agradará a Dios precisamente, pero esto siempre y cuando lo haga de corazón, pues es en el corazón donde la Escritura pide que la mujer muestre el “incorruptible ornato de espíritu agradable y pacífico, lo cual es de grande estima delante de Dios” (1 Pedro 3:4). Considerando también al respecto, que en el mismo capítulo en que se alude al velo, también se hace referencia a que es “deshonesto al hombre criar cabello”, así como a la “Cena del Señor”, y que el apóstol Pablo escribió esta epístola a “la iglesia de Dios que está en Corinto, santificados en Cristo Jesús, llamados santos, y á todos los que invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo en cualquier lugar, Señor de ellos y nuestro” (1 Corintios 1:2). En lo cual están incluidos todos los creyentes de todas las épocas y de todas las culturas. Y que a más de ello, el mismo apóstol también escribió: “Si alguno á su parecer, es profeta ó espiritual, reconozca lo que os escribo, porque son mandamientos del señor. Mas el que ignora, ignore.” (1 Corintios 14:37 y 38).

Artículo 32. El uso de distintos instrumentos musicales está permitido en la alabanza a Dios, conforme al Salmo 150, y aun el batir las manos, de acuerdo con el Salmo 47, y no desprendiéndose del contexto general del Nuevo Testamento ninguna prohibición de una cosa u otra, prohibir uno de tales usos sería verdaderamente antibíblico, y por lo tanto, lo correcto es que en el ejercicio del ministerio de la música y del canto se procure “con inteligencia”, “con el espíritu” y con “entendimiento” (Salmo 47:7 y 1 Corintios 14:15), el orden, la sincronía y la armonía, tanto con las voces como con los instrumentos, de acuerdo con el estilo o tipo de música que se requiera, y atendiendo siempre la instrucción sagrada de que todo se haga “decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40). Y dado el mal testimonio de la música con la que se pretende brindar el servicio de alabanza en estos tiempos, en caso de tener que usarse instrumentos electrónicos o de percusión, deberá tenerse especial cuidado de que su sonido no sea distorsionado ni estridente, pues, a más de que es muy fácil deslizarse con el uso de los mismos a un tipo de música profana, también pueden causarse molestias con el ruido de ellos a los vecinos.

Artículo 33. En la alabanza y adoración a Dios pueden utilizarse indistintamente salmos, himnos y canciones espirituales (Colosenses 3:16), pero se requiere que la música cristiana sea reverente en los aspectos de ritmo, melodía y letra, lo cual de ninguna manera significa que no pueda ser alegre, y menos aún cuando la Santa Escritura también dice: “CANTAD alegres á Dios, habitantes de toda la tierra […] Alabadle con címbalos resonantes: Alabadle con címbalos de júbilo” (Salmo 100:1 y 5). Pero deberá enfatizarse en todo ello el carácter preponderantemente espiritual de la alabanza, en el entendido de que, tanto los himnos como las canciones espirituales, tienen que ser instructivos, testimoniales, y sanos en doctrina.

Artículo 34. Cada creyente es libre de presentar, en el orden y en el momento adecuado, peticiones de oración y elevar oraciones en la iglesia, sea hombre o mujer, pues la oración es la expresión de comunicación libre dirigida al Padre, a través del Espíritu Santo y en el nombre de Jesucristo (Juan 14:13 y 14 y Romanos 8:26).

Artículo 35. Todos los creyentes podrán durante el culto, respetando debidamente el orden establecido, dar oralmente un testimonio público de su fe, pero esto deberá hacerse para honra y gloria del Señor y para edificación de la iglesia, así como para que los que no creen en Cristo sean motivados a venir a él con fe y obediencia (Romanos 10:17; 1 Corintios 14:26 y Hebreos 13:15).

Artículo 36. Es deber de los ancianos organizar las exposiciones orales de la Palabra de Dios en la iglesia, tomando en cuenta para ello a los hermanos que sean capaces de enseñar o predicar. Descartamos, de acuerdo a 1 Timoteo 2:12 y 1 Corintios 14:34 y 35, que la mujer pueda predicar en la Iglesia, habiendo varones para tal fin, no obstante podrán predicar en reuniones femeniles o como maestras de niños y adolescentes.

Artículo 37. La iglesia denominada Congregación Bautista Jesús Nazareno utilizará una versión de la Biblia traducida con el método de Equivalencia Formal, y con las características que tuvieron las traducciones que de la misma se hicieron por virtud de la Reforma Protestante del siglo XVI, que se destacaron por su literalidad, pero usando las letras itálicas en las palabras auxiliares que sirven de nexo en una oración traducida, para diferenciarlas de las del texto bíblico, y por lo tanto la base textual para el Antiguo Testamento será el texto hebreo conocido como Texto Masorético, mientras que para el Nuevo Testamento será la que se conoce como Textus Receptus, o Texto Recibido griego, coincidiendo en todo ello con los principios observados por la Sociedad Bíblica Trinitaria en la revisión de la Biblia Reina Valera 1909, la cual reúne las características mencionadas, y solo utilizará versiones de la Biblia traducidas con el método de Equivalencia Dinámica, para análisis, comentarios y estudios comparativos.

Artículo 38. Como la Santa Biblia es la Palabra de Dios, inspirada por él mismo, de manera verbal y plenaria, siendo también preservada por él para siempre (2 Pedro 1:21 y Salmo 119:89), se rechaza como fuente fidedigna del Nuevo Testamento, el texto crítico compilado en el siglo XIX, conocido originalmente como el texto de Wescott & Hort, y que actualmente se encuentra en la forma del texto de Nestlé-Aland, y no estamos de acuerdo con nadie que ponga en duda el texto sagrado, bajo el argumento o pretexto de que algunas de sus partes no aparezcan en los manuscritos aparentemente más antiguos, y de que solamente los originales son inspirados.

CAPÍTULO XIV

DE LAS ORDENANZAS

Artículo 39. Reconocemos solo dos ordenanzas: El Bautismo y la Cena del Señor.

I. El bautismo es una ordenanza o mandamiento instituido por el Señor Jesucristo para su iglesia, con el fin de que sea observado hasta el fin de la edad (Mateo 28:18-20).  Es un testimonio externo de la obra interna de gracia realizada en el corazón de los convertidos, y es una señal de la participación de los convertidos en la muerte, sepultura y resurrección del Señor Jesús; y de que están unidos con él (Romanos 6:3-5). Sólo aquellos que profesan el arrepentimiento y la fe obediente en el Señor Jesucristo, deben ser bautizados (Marcos 16:16). El bautismo será administrado por los ancianos, o por aquellos hermanos designados por ellos para tal efecto, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, como lo mandó el Señor, en el entendido de que de las Santas Escrituras se desprende que la inmersión, o sumersión en el agua, es el modo correcto de administrar esta ordenanza (Mateo 3:16 y Juan 3:23).

   II.        La cena del Señor es también una ordenanza o mandamiento instituido por el Señor Jesucristo para su iglesia, para que todos sus verdaderos discípulos, debidamente bautizados, que le aman, puedan mantener un recordatorio de su pasión y muerte hasta que él venga otra vez (Hechos 2:37-42 y 1 Corintios 11:23-34). Es un medio de gracia para fortalecer al convertido y mostrar la comunión entre la iglesia y Dios y entre los miembros los unos con los otros. La cena de Señor se observará cada domingo, pudiendo realizarse indistintamente en la mañana, en la tarde o en la noche. Como la cena del Señor será abierta, los hermanos debidamente bautizados de otras congregaciones, y que tengan un buen testimonio, pueden participar  en la misma.

CAPÍTULO XV

 DE LA OBRA EVANGELÍSTICA

Artículo 40. Será la práctica de esta iglesia apoyar y sostener trabajos de evangelización que apruebe nuestra congregación, y deberá enfatizarse que es deber de cada cristiano, individualmente y como miembro de la iglesia local, trabajar para la extensión del reino de Dios, desde su hogar y hasta los confines de la tierra (Hechos 1:8).

 En razón de lo anterior, de cada miembro de esta iglesia se espera que devotamente reconozca y aproveche cada oportunidad para testificar de su fe en Cristo, tanto por su conducta como por el testimonio de sus labios (Mateo 10:32-33; Romanos 1:16-17; 9:1-3; 10:1; Filipenses 2:14-16 y 1 Pedro 3:14-16).

Los miembros de esta congregación que realizaren la obra evangelística no serán llamados misioneros, sino obreros o evangelistas (Mateo 9:38 y 2 Timoteo 4:5).

CAPÍTULO XVI

PACTO

        Artículo 41. Teniendo la convicción de haber sido guiados por el Espíritu Santo a recibir al Señor Jesucristo como nuestro Salvador y que al profesar nuestra fe hemos sido bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, nosotros ahora en la presencia de Dios, voluntariamente convenimos con toda solemnidad como un cuerpo en Cristo, en el pacto siguiente:

Prometemos, auxiliados por el Espíritu Santo, andar juntos en amor cristiano, procurar el adelanto de esta iglesia en conocimiento, en santidad y bienestar; promover su prosperidad y su espiritualidad; sostener sus cultos, sus ordenanzas, su disciplina y sus doctrinas; contribuir fija y gustosamente para la manutención del ministerio, los gastos de la iglesia, el alivio de los pobres y la promulgación del evangelio a todas las naciones.

        Prometemos también, practicar la devoción a Dios en el seno de la familia, y en lo particular educar a nuestros hijos en la fe cristiana; procurar la salvación de nuestra parentela y de nuestros conocidos; andar en santidad en el mundo; ser justos en nuestros tratos; cumplidos en nuestros compromisos y ejemplares en nuestro comportamiento.

Prometemos, además, abstenernos de chismes, de la calumnia y de la ira excesiva; abstenernos del uso y venta de bebidas embriagantes y del tabaco; ser celosos en nuestros esfuerzos para conseguir el adelanto de la obra de nuestro Señor Jesucristo.

Prometemos velar los unos por los otros en amor fraternal; tenernos presentes en nuestras oraciones; auxiliarnos mutuamente en las necesidades y enfermedades; cultivar la simpatía cristiana en los sentimientos y la cortesía en la conversación; ser tardos para ofendernos y prestos para reconciliarnos, practicando los mandamientos de nuestro Salvador dados para nuestra bendición.

Prometemos finalmente: Que cuando tengamos que mudarnos a otra localidad nos reuniremos tan pronto como nos sea posible con alguna otra iglesia en la cual podamos cumplir con el espíritu de este pacto y los principios emanados de la Palabra de Dios.

Resumen de las Responsabilidades que se desprenden de nuestro pacto:

a)        Realizar cultos de adoración, oración y compañerismo bíblico, así como de predicación y enseñanza de la Santa Palabra;

b)        Evangelizar a los perdidos;

c)         Administrar las ordenanzas establecidas en la Palabra de Dios, como son el bautismo (por inmersión) y la cena del Señor;

d)        Enseñar y mantener la sana doctrina bíblica,;

e)        Mantener y promover un testimonio digno de una iglesia cristiana bíblica;

f)     Apoyarnos unos a otros en nuestras necesidades y enfermedades;

g)   Amarnos y vivir en paz entre nosotros, y

h)   Realizar todas las actividades que estén directa o indirectamente relacionadas con el objeto espiritual y bíblico de esta iglesia.

CAPÍTULO XVII

DE LA DISCIPLINA ECLESIÁSTICA

Artículo 42. Reconocemos y adoramos a un Dios de orden, y por lo tanto creemos que la disciplina debe prevalecer en el seno de la iglesia, de conformidad con las Sagradas Escrituras (Mateo 18:15-18; Juan 7:24; 2 Corintios 13:1; 1 Corintios 5:1-13 y 2 Corintios 2:1-11; 1 Corintios 6:1-11; 2° Tesalonicenses 3: 6-15; 1 Timoteo 5:19-22; Tito 3:10-11 y Gálatas 6:1-5), y que siempre tendrá que administrarse con el amor cristiano que recíprocamente nos debemos unos a otros. Cada caso de disciplina será juzgado de acuerdo con las enseñanzas de la Biblia, y conforme a los siguientes lineamientos:

A. Lineamientos Generales sobre la Disciplina.

                    I.     Sólo la iglesia local está autorizada para poner bajo disciplina a los miembros de la congregación y para restaurarlos.

                  II.     Ningún miembro puede ser sancionado sin antes dársele la oportunidad de defenderse de los cargos que se le imputan (Mateo 18:15-17).  Pero si la iglesia llamare a un miembro a responder por los cargos que se le imputan, y aquel hiciere caso omiso de tal requerimiento por dos veces, la iglesia podrá ponerlo en disciplina sin más contemplaciones.

                III.     Es deber ineludible, especialmente de los ancianos, orar, visitar, mediar, y trabajar hasta donde sea posible, procurando la restauración inmediata de los miembros que están bajo disciplina, una vez evidenciado su arrepentimiento y debida corrección (Lucas 17:3 y Gálatas 6:1).

               IV.     Ninguna persona que esté bajo disciplina deberá tener participación en la predicación, ni en la dirección, ni en actividades especiales del culto, ni ocupar puestos de responsabilidad en la iglesia, ni participar en la cena del Señor.

                 V.      Todo miembro que mostrare frutos dignos de arrepentimiento de su falta, y expresare su deseo de rehabilitarse en el seno de la congregación, podría ser reinstalado y participar en la Santa Cena por voto de la membresía de la iglesia.

B. Tipos de Disciplina Eclesiástica:

Artículo 43. Todo tipo de disciplina debe ser aplicada con fundamento bíblico y debidamente motivada, tomando en cuenta para ello, quienes la apliquen, lo expresado por el apóstol Pablo en Gálatas 6:1, donde dice: “HERMANOS, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre; considerándote á ti mismo, porque tú no seas también tentado”. Y también lo que dice el mismo apóstol en Romanos 15:14: “Empero cierto estoy yo de vosotros, hermanos míos, que aun vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podáis amonestaros los unos á los otros”.

I. Disciplina Formativa. Cada miembro de la iglesia debe estar sometido a la disciplina formativa, con corrección o instrucción administrada tanto de manera individualizada (Hechos 5:1-11; 1 Corintios 11:30-32; 1 Tesalonicenses 4:6; Hebreos 12:5-11 y Apocalipsis 2:22-23), como de manera colectiva (1 Timoteo 5:20), a través de la iglesia misma, ya sea aprobando o reprobando su proceder, y esto por medio de la predicación y la enseñanza de la Palabra Santa, de tal modo que cada hermano actúe bien, por convicción y no por temor a la corrección (1 Corintios 12:12-27; Efesios 4:11-15; Gálatas 6:1; 1 Tesalonicenses 5:14 y Hebreos 3:12-14 y 12:15).

La sujeción mutua de los unos a los otros y a las autoridades que el Señor ha puesto sobre su iglesia (Efesios 5:21 y 1 Pedro 5:5), resultarán en la santificación de cada  miembro individualmente y de todo el cuerpo en general. Hay ocasiones, sin embargo, en que la falta de asimilación de este tipo de disciplina, hace que la aplicación de la disciplina correctiva sea necesaria.

2. Disciplina Correctiva. La disciplina correctiva resultará aplicable cuando alguna doctrina herética o una conducta desordenada (inmoral) o escandalosa apareciere entre los miembros de la congregación. En estos casos se debe hacer un esfuerzo razonable para resolver la dificultad, corregir el error y remover la ofensa a través del consejo y amonestación, antes de tomar medidas más drásticas (Gálatas 1:9 y 6:1, y Santiago 5:19-20). Los principios que se nos dan en Mateo 18:15-16 y en 1 Corintios 5:1-3 deben seguirse en todos los casos de disciplina correctiva. Si la amonestación no fuere tomada en cuenta, podría requerirse la suspensión de algunos de los privilegios de la membresía y restringirlos adecuadamente (Romanos16:17-20 y 2 Tesalonicenses 3:14-15). En los casos más extremos, pudiera ser necesaria la excomunión del miembro (Mateo 18:17; Romanos 16:17-20; 1 Corintios 5:1-13; 1 Timoteo 1:20 y Tito 3:10).

La reprensión verbal pública (Mateo 18:17 y 1 Timoteo 5:20), el alejamiento social (Romanos 16:17; 1 Corintios 5:9-11 y 2 Tesalonicenses 3:6-14), y el retiro de la comunión característica del cristiano (Mateo 18:17; 1 Corintios 5:13 y 2 Juan1:10), son medidas que conllevan la intención de provocar arrepentimiento a través del sentimiento de pesar y vergüenza (2 Corintios 2:7 y 2 Tesalonicenses 3:14).

El fin de la disciplina correctiva es el bienestar y pureza de la iglesia (1 Corintios 5:6), y la restauración y crecimiento espiritual del ofensor (1 Corintios 5:5; 2 Corintios 2:5-8 y 1 Timoteo 1:20).

A. Amonestación o Censura Pública.

La disciplina pública consiste en un esfuerzo de parte de los ancianos, delante de la iglesia reunida, por llamar a uno o a algunos de sus miembros impenitentes, según fuere el caso, a arrepentirse de sus pecados demasiado graves, pero cubriendo a dichos miembros  con el manto del amor cristiano (1 Pedro 4:8). Los ancianos pueden administrar la disciplina pública cuando existiere mala conducta ostensiblemente pública (Gálatas 2:11-14 y 1 Timoteo 5:20), un estilo de vida pecaminoso (Tito 1:12-13) o un serio error doctrinal (Tito 1:10-13) que represente una amenaza significativa para la santificación, la unidad o el testimonio de la congregación.

Aquellos que recibieren con humildad la palabra pública de amonestación, que admitieren, confesaren su pecado, y manifestaren una vida transformada (Proverbios 28:13), serán reconocidos públicamente más tarde por su santo arrepentimiento (2 Corintios 7:7-11). Si la reprensión no diere buen resultado, se impondrá una disciplina más fuerte.

B. Suspensión

Algunas malas conductas de parte de un miembro son tan dañinas para la unidad, la santidad y el testimonio de la iglesia, que se requiere que la disciplina pública esté acompañada de la suspensión de algunos de los privilegios de la membresía, de acuerdo a la naturaleza y la gravedad de la ofensa (Romanos 16:17-20 y 2 Tesalonicenses 3:14-15).

En todos los casos de suspensión, la persona ofensora seguirá siendo considerada como hermano en Cristo y como miembro de la iglesia y no como enemigo (2 Tesalonicenses 3:15). Además, esta dura disciplina deberá ser expresada (Mateo 18:17) y reforzada (Romanos 16:17-20 y 2 Tesalonicenses 3:6-15) por toda la iglesia, y por ello, siguiendo el procedimiento que más adelante se describe para cada una de las cinco categorías mayores de ofensas, los ancianos podrán en una reunión congregacional regular o especial, recomendar a la congregación que un miembro ofensor sea suspendido, especificando las bases para esta disciplina, los privilegios que serán revocados y las restricciones que serán impuestas.

Para ser válida, el acta de suspensión deberá tener la aprobación de por lo menos las tres cuartas partes de los miembros presentes y votantes. En interés de mantener un clima de paz, los ancianos tendrán el derecho, a su entera discreción, de imponer una suspensión temporal durante el breve intervalo entre su determinación de recomendar la suspensión y el voto de la congregación. Un miembro suspendido será tratado por la congregación de acuerdo con las aplicaciones específicas de los principios generales de evaluación social (Romanos 16:17-20 y 2 Tesalonicenses 3:14-15) determinados por los ancianos. Aquellos que humildemente se sometieren a la disciplina impuesta serán luego perdonados, se les restaurarán sus privilegios y públicamente serán recibidos de nuevo dentro de la membresía completa de la iglesia (Mateo 18:15 y 2 Corintios 2:5-11). Los fundamentos bíblicos generales y las categorías del pecado que requieren suspensión, son las siguientes:

1. Un Ofensor Intransigente (Mateo 18:15-17). Cuando el acto ofensivo de carácter privado permaneciere sin resolver, no obstante haberse usado de manera compasiva y con oración el método prescrito por nuestro Señor en Mateo 18:15-16, tal acto será considerado como una ofensa agravada, y en ese supuesto el hermano ofendido deberá presentar el caso a los ancianos, quienes si consideraren el asunto suficientemente serio y no pudieren persuadir al hermano para que se arrepienta, reportarán su situación a la iglesia y recomendarán que el hermano intransigente sea suspendido (Mateo 18:17a). Si aún después de la suspensión, la persona permanece aferrada en su pecado, se llevará a cabo su excomunión de acuerdo con el procedimiento detallado en el inciso C de esta sección (Mateo18:17a).

2. Enseñanzas o Comportamiento Divisorio (Romanos 16:                                                                                                     17-20 y Tito 3:10). Cuando un miembro deliberadamente persistiere en la propagación de un error doctrinal serio, contrariando así a las Sagradas Escrituras, o intentare sembrar discordia entre los miembros, contrariando también de de esa manera a las Escrituras, puede ser suspendido por sedicioso. Todos los miembros son responsables de preservar la unidad del Espíritu (Efesios 4:3), y ningún miembro deberá esconder dicha conducta divisoria, sino que deberán reprenderla y darla a conocer a los ancianos (1 Corintios 1:10-11). Cada vez que los ancianos se percaten de un comportamiento divisorio, deberán enfrentarlo con toda autoridad espiritual, pero a la vez con mansedumbre, de acuerdo con la Palabra de Dios (1 Corintios 1:10; 4:21; Tito 2:15 y 3:10). Si después de recibir repetidas amonestaciones de los ancianos, el miembro problemático persistiere en dicha conducta, los ancianos reportarán la situación a la iglesia y recomendarán que el hermano divisor sea suspendido, y si aun después de la suspensión, la persona continuare sembrando discordia o esparciendo errores doctrinales serios, se llevará a cabo la excomunión de acuerdo al procedimiento detallado en el inciso C de esta sección.

3. Comportamiento Desordenado (2 Tesalonicenses 3:6-I5). Cuando un miembro persistiere de manera deliberada en una conducta reprochable, como dedicarse a la ociosidad; comportarse abiertamente en contra la institución del matrimonio; menospreciar la santa costumbre de la iglesia de congregarse en el nombre del Señor Jesús (1 Corintios 7:1-17, 39; Efesios 5:22-33; 2 Tesalonicenses  3:6-l5; 1 Timoteo 5:8; Tito 2:5; Mateo 18:20; Hebreos 10:23-25 y 13:4), o actuar en contra del orden establecido por Cristo para su iglesia en las Escrituras (1 Corintios 11:17-34; 1 Corintios 14:37-40; 1 Timoteo 3:14-15 y Tito 1:5), asuntos todos considerados importantes por nuestra congregación para su desarrollo, puede ser suspendido como una persona desordenada (2 Tesalonicenses 3:6). Cuando los ancianos se percataren de que, a pesar de las amonestaciones de la disciplina formativa (1Tesalonicenses 5:14) un miembro se comporta desordenadamente, deberán enfrentarlo con mansedumbre y paciencia, de acuerdo a la Palabra de Dios (Gálatas 6:1; 2 Timoteo 2:25 y 4:2-4, y Tito 3:2), y si aún después de recibir dichas amonestaciones, persistiere en su comportamiento, los ancianos reportarán la situación a la iglesia y recomendarán que el hermano desordenado sea suspendido (2 Tesalonicenses 3:14-l5). Si aún después de la suspensión la persona permanece inalterable en su desorden, se llevará a cabo la excomunión de la misma, de acuerdo al procedimiento detallado en el inciso C de esta sección.

4. Un pecado escandaloso. Si un miembro ha pecado escandalosamente, pero mostrare señales de arrepentimiento, incluyendo sumisión a las amonestaciones de los ancianos, sería equivocado excomulgarlo. Sin embargo, pudiera ser que todavía fuese necesario mantenerle suspendidos algunos de sus privilegios como miembro, por algún tiempo, para que se dé cuenta de la gravedad de su ofensa, y para evitar que el nombre de Dios sea blasfemado (2 Samuel 12:14 y Romanos 2:24), así como para evitar que otros se atrevan a pecar (1 Timoteo 5:20), y para no descuidar que el propio ofensor ponga a prueba su alma y se dé cuenta de la gravedad de su ofensa (Hebreos 3:12-13).

5. Desprecio por la Disciplina de la Iglesia. Si se tuviere noticia bien sustentada, de que un miembro ha cometido un pecado mayor y tal miembro se aleja de la congregación, negándose a reunirse con los ancianos para investigar el asunto, esa persona podrá ser suspendida de todos sus privilegios de miembro (Mateo 18:17; Números 16:12 y 23:27). Los ancianos pueden luego recomendar a la congregación que esa persona sea excluida o excomulgada.

C. Excomunión.

1. Algunas expresiones de pecado (éticos o doctrinales) son tan groseras y dañinas en su naturaleza, que acciones preliminares como amonestación pública o suspensión son inapropiadas e insuficientes. En tales casos, el miembro culpable debe ser excomulgado de inmediato de la congregación (1 Corintios 5:1-5).

Esta severa medida ha de ser empleada cuando una transgresión agravada ha sido descubierta, y no hay signos esperanzadores de arrepentimiento, y tendrá como propósito retraer al pecador de su apego al pecado a un sincero y probado arrepentimiento (1 Corintios 5:5 y 6:9-11). En tales casos, los ancianos deben hacer grandes esfuerzos para que el ofensor verdaderamente se arrepienta y se reforme. Si estos esfuerzos fallan, deben reportarlo a la congregación en una reunión de la iglesia, regular y extraordinaria, y que allí el ofensor sea excomulgado, lo que debe ser hecho por la acción de toda la iglesia (Mateo 18:17 y 1 Corintios 5:4). Para ser válido un acto de excomunión, debe tener la aprobación de por lo menos las dos terceras partes de los miembros presentes y votantes.

2. Asimismo, algunas opiniones erradas con relación a las doctrinas de las Escrituras son tan serias, que son catalogadas por los apóstoles como heréticas, y constituyen errores condenables que no tienen consistencia con una profesión de fe creíble (Gálatas 1:6-9 y 1 Timoteo 4:1). Y así, si un miembro insiste en mantener o propagar tales opiniones, a pesar de fuertes y continuas amonestaciones por parte de los ancianos, debe ser excomulgado de la misma manera que una persona inmoral.

CAPÍTULO XVIII

ENMIENDAS

Artículo 44. Se puede enmendar esta constitución sin que se contradigan o modifiquen las bases doctrinales contenidas en la misma, pero no se podrá alterar, modificar o quitar jamás la Confesión de Fe de Londres de 1689 (Confesión Bautista), y cualquier intento será nulo inmediatamente y será desechado por la Iglesia.

El procedimiento para la enmienda de esta constitución será el siguiente:

a) La enmienda propuesta será primeramente analizada por el anciano representante y por el cuerpo de oficiales.

b) De ser encontrada viable por el anciano representante y oficiales, la enmienda propuesta será comunicada a los miembros con dos semanas de anticipación de la asamblea general en la cual será tratada la enmienda.

c) La enmienda propuesta será adoptada por la votación afirmativa de las dos terceras partes de los miembros presentes, y votando en la sesión de la asamblea general.

 CAPÍTULO XIX

DISPOSICIONES FINALES

Artículo 45. Se entregará copia de esta constitución a cada miembro que lo solicite.

En caso que esta congregación se disolviere, sus bienes serán donados a otra congregación que tenga las mismas creencias.

La falta total de miembros, fondos y bienes producirá la liquidación de esta congregación.

Los plazos y términos mencionados en la presente constitución se contarán a partir de que sea firmada por los miembros de la congregación.

Culiacán Rosales, Sinaloa, a los diecinueve días del mes de septiembre del año dos mil quince.